Categoría: Viajes
2 Mayo 2008
El fin de semana pasado volví al país en el que aprendí y viví tantas cosas: La France. Esta vez de visita, me eché el macuto al hombro y me fui hasta Marsella a visitar a mi amiga y excompi de piso, Doña Pilar que me recibió de la mejor forma que se puede recibir a alguien al llegar a Francia: vino a buscarme con una bolsita llena de croissants y de pains au chocolat (napolitanas) que me pirran... y que me hicieron engordar 8 kilos cuando vivía allí... y lo que me costó adelgazarlos, madre... pero están tan ricos que es imposible resistirse.

Sólo fueron tres días los que estuve allí. Tres días en los que aproveché para relajarme, charlar, olvidarme del estrés de Vigo y conocer la ciudad, claro. Aquí os dejo algunas fotos, ya sé que son muchas pero es que la elección ha sido muy difícil, por si alguien se anima a ir. Merece la pena, es una ciudad fantástica. Eso sí, si alguien va que no se olvide de las gafas de sol y la crema protectora.













servido por sende
2 comentarios
compártelo
13 Junio 2006
Pues aquí estoy otra vez, donde empezó todo, en mi adorada Galicia,... en casa.
Aterricé en Vigo, después de 9 meses viviendo en Lorient, Francia, el sábado por la noche. Ya tenía ganas pero, y quién lo hubiese dicho, volví exactamente igual que como me fui... llorando. ¿Qué le voy a hacer si soy una llorona?
La verdad es que como en casa en ningún lado pero allí he vivido unos cuantos meses, muchas cosas, he conocido a mucha gente, he aprendido mucho... mucho francés que era a lo que iba pero, sobretodo, mucho mucho sobre la vida que es lo más importante, creo.
Y así estamos, todo lo que empieza se acaba en algún momento, más tarde o más temprano, y esto se acabó. Ese era el trato, ¿no? Supongo que sí. Ahora lo que queda es adaptarse de nuevo a la vida aquí que creo que no va a ser una tarea demasiado fácil en contra de lo que pudiera parecer. Ya os iré contando.
servido por sende
6 comentarios
compártelo
27 Marzo 2006
Os decía en el último post que me iba a hacer un viaje de locos. Realmente, creía que era imposible hacer todo ese recorrido, pero me equivoqué: 2200 kilómetros en 3 días, toda la costa oeste de Francia, para arriba y para abajo. Llegamos casi, casi hasta Bélgica. He visto sitios realmente bonitos aunque como dice mi madre: "el cuerpo las hace, el cuerpo las paga". Y llevo desde ayer sin parar de dormirme en cualquier lado, pero mereció la pena.
A ver si consigo las fotos pronto y os las pongo. :)
servido por sende
1 comentario
compártelo
23 Marzo 2006
Acabo de decidir que, con unos amigos, me voy de viaje este fin de semana aprovechando que mi universidad se ha vuelto a poner en huelga, en principio, hasta el viernes. Va a ser una locura de viaje. Siendo realista no creo que nos vaya a dar tiempo ni a dar el cuerpo para ver todo lo que queremos, pero bueno... si no lo hago con 24 años, ¿cuándo lo voy a hacer?
En principio, la ruta es:
Jueves:
- Lorient - Carnac: vamos allí a ver unos dólmenes que dicen que merecen la pena (son 49 km).
- Carnac - Omaha beach: a ver las playas del desembarco de Normandía de la Segunda Guerra Mundial (364 km).
El resto ya son ciudades:
- Omaha beach - Caen (48 km).
- Caen - Calais (346 km).
Viernes:
- Calais - Abbeville (112 km).
- Abbeville - Rouen (110 km).
- Rouen - Le havre (90 km).
Sábado:
- Le havre - Quimper (490 km).
- Quimper - Pont-Croix (36 km).
- Pont-Croix - Brest (92 km).
Y el domingo de vuelta a casa:
- Brest - Lorient (138 km).
¿Creeis que es posible? Ya veremos. Cuando regrese ya os contaré si me quedan un mínimo de fuerzas.
servido por sende
2 comentarios
compártelo
17 Diciembre 2005
Holaaaa.
Ayy, al fin estoy en casa. No dije nada porque me vine de sorpresa y no quería que nadie me descubriese, pero ya estoy aquí.
La cara de mis padres al verme fue un poema. jeje. Llamé al timbre y mi madre, al abrir, se quedó sin habla por unos 10 segundos. Sólo me miraba con cara de alucine y a mi padre casi le dió un patatús.
Bueno, hoy no tengo muchas fuerzas para escribir porque hasta ayer llevaba dos días sin dormir y el viaje se me hizo larguísimo. Salí de casa a las 5 de la mañana y llegué a Vigo a las 6 de la tarde (uno de los aviones tuvo 2 horas de retraso por una avería) y, encima, salí con mis amigos y tengo una resaca buena. Después de 3 meses y medio sin beber ron los excesos se pagan. jeje. Hoy tocará salir de relax.
servido por sende
3 comentarios
compártelo
13 Diciembre 2005
Nos subimos al avión. No nos lo podíamos creer: al fin camino de Roma. Que dicen que todos los caminos llevan allí pero se ve que a unos nos cuesta más que a otros encontrar la senda, pero allá íbamos. Los aviones estos baratos funcionan bastante bien, bastante mejor de lo que yo creía aunque nos intentaron vender hasta rifas en el viaje. Normal, de algún sitio tienen que sacar el dinero, supongo. Pasamos por encima de los Alpes. Qué chulos. Hicimos fotos y todo. Un montón de montañas enormes todas nevadas, muchísimos lagos preciosos y hasta vimos el Mont Blanc. Como diría cierto torero propuesto para ocupar el asiento de una de las letras de la RAE, en dos palabras IM-PRESIONANTE. Aterrizamos en Ciampino (uno de los aeropuertos de Roma). Estábamos alucinados aún. Cuando el avión paró vimos dos helicópteros del ejército de estos enormes que tienen dos hélices y un cochecito de los que dirigen los aviones también del ejército. Nos pusimos a cotillear a ver que era lo que pasaba y, al rato, aterriza un avión y se para justo al lado de nosotros. En el avión ponía: FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS. Alucinamos nosotros solos y empezamos a hacer cábalas a ver quién sería. ¿Será el Rey? (decía uno) No, fijo que son los Príncipes de Asturias que vienen a presentarle al Papa a la niña (decía otro). Al final, vimos bajar a alguien. Ni el Rey, ni los Príncipes. Era el Sr. Presidente del Gobierno. Sí, sí. Era Zapatero. Y nosotros diciendo: Zapaterooooo, llévanos a casa. No sé muy bien que pintaba allí pero era él. Bueno, curiosidades aparte. Todo fue bien durante el tiempo que estuvimos en Roma.
Ni nos robaron (pero no porque no lo intentaran), ni perdimos nada, ni nos pasó nada más que recalcar. Una ciudad preciosa que a mí por lo menos no me dio una buena primera impresión pero, luego, cuando te pierdes por sus calles ves que es una ciudad increíble a la que le falta estar un pelín más cuidada pero en la que te puedes encontrar cualquier monumento, circo romano, foro,... simplemente caminando por la calle. Si vais, caminad muucho que veréis un montón de cosas que no se ven de otra forma. A nosotros no nos quedó otra porque al día siguiente de llegar había huelga de no sé muy bien qué y no había ni autobuses ni metro. Bueno, metro sí había pero paraba 15 minutos en cada
estación, con lo que mejor ir andando. Y nada, caminando, caminando llegó el sábado: nuestro último día en Roma. Para ese día no teníamos albergue reservado porque nos íbamos el domingo a las 4:30 de la mañana y, claro, como no. Un día que no tienes hotel y cae la del diluvio universal.
Nos pasamos el día completamente calados y no teníamos ni maletas (que estaban guardadas en el albergue de unos amigos) ni sitio donde cambiarnos de ropa. Así nos pasamos todo el día y por la noche fuimos a ver un poco de la noche romana y a las 2:30 ya a buscar las maletas y a coger el autobús para el aeropuerto (queríamos ir con muuucho tiempo no nos fuera a pasar otra vez lo de París).
Llegamos al aeropuerto, nos cambiamos de ropa, facturamos y de vuelta a casa. Sin incidencias. Menudo viaje pero lo repetiría sin pensarlo siquiera. Fascinante. Pena de tener que volver a esta ciudad tan aburridilla. Por suerte, esta semana ya la acabo en España. Al fin en casa por Navidad.
servido por sende
1 comentario
compártelo
9 Diciembre 2005
Estábamos bastante desolados. Pese a ir todo el camino pensando en que probablemente lo perderíamos, desde que cogimos los taxis se había abierto una pequeña puerta a la esperanza. Y allí estábamos los 7 con todas las maletas pensando en qué hacer, pero no se podía hacer ya nada. Al rato, más calmados y después de oír al avión despegar, volvimos a hablar con la compañía para ver que opciones teníamos. Nos dijeron que teníamos la opción de apuntarnos en una lista de espera y esperar a la mañana del día siguiente (jueves) que salía otro avión hacia Roma o que, si no, había plazas en uno que iba a Milán también por la mañana porque 6 chicos que viajaban en ese vuelo se habían ido al final a Roma en el de esa noche. ¿6 chicos? ¿...al vuelo de Roma de esa noche? Ahhh. Quizás tuvieron la suerte de que 7 personas (quizás nosotros) llegaran tarde a facturar y pudieron coger las plazas. En fin. El caso es que estaba claro que todo lo que podíamos hacer era apuntarnos en esa lista y esperar a la mañana siguiente (todo eso, pagando, como no, un extra por el cambio de billete) pero, ¿esa noche qué hacíamos? Nos planteamos el esperar delante del aeropuerto hasta que abriese por la mañana pero estábamos a 1 grado y no nos pareció buena opción (que conste que yo, que soy muy bruta a veces, decía que con la de ropa que llevábamos en las maletas mal no sería). Preguntamos y nos dieron el nombre de un hotel que estaba cerca. Allá nos fuimos (hubo que pagar otros 2 taxis, claro). Llegamos y, como desde ese mismo instante TODOS nos habíamos declarado en bancarrota, nos cogimos sólo una habitación para 3 personas y allí nos metimos los 7, rezando por que no nos pillaran y nos echaran a patadas del hotel (por lo menos hasta que fuera por la mañana). A las 7:30 estábamos en el aeropuerto. Nos dijeron que nos tocaba esperar hasta que cerrara la facturación para saber si había plazas. Ya lo teníamos todo pensado: si había 4 plazas se irían los que perdieron el avión por nuestra culpa, si había más, cosa más que improbable, nos iríamos los 6 (una persona no podía viajar por un problema burocrático) y si no había nos iríamos a Milán y desde allí ya buscaríamos la forma de llegar a Roma (es que en Roma nos esperaba gente que había ido desde España). Llegó la hora. Cerró la facturación. Estábamos nerviosísimos. Nos llama la chica de la compañía y nos da 3 papeles, ¿3? ¿...sólo hay 3 plazas? (sí, sé que es ya mucho que haya 3 plazas libres pero NECESITÁBAMOS COMO MÍNIMO 4) y nos dice que no, que miremos bien los papeles: en uno de ellos ponía los nombres de 4 de nosotros. HABÍA PLAZAS PARA TODOS. Empezamos a saltar y a gritar como los niños pequeños cuando les dicen que les llevan de excursión. NOS ÍBAMOS A ROMA, AL FIN.
servido por sende
3 comentarios
compártelo
7 Diciembre 2005
Bueno, empezamos bien. Prometí que el lunes lo contaría todo sobre el viaje y no lo hice. Lo siento. Lo digo porque no me gusta incumplir mis promesas pero se complicó el inicio de semana: época de exámenes. Por cierto, mañana tengo uno de italiano, espero que el viaje me haya servido para mejorar un mínimo mi italiano. Bueno, allá voy.
Se suponía que el miércoles nos íbamos a Roma... y nos fuimos, pero no llegamos. Nos quedamos dormidas y por unas cosas y por otras perdimos el tren que nos llevaba a París. Una falta de responsabilidad total y un síntoma de inmadurez absoluto porque por nuestra culpa perdieron el tren cuatro personas más. Llegamos tarde al tren y el siguiente no pasaba hasta 3 horas y pico más tarde (15:00). El problema era que cogiendo ese tren no llegábamos a París hasta las 19:15 y el autobús de nuestro vuelo que nos llevaba a Beauvais (uno de los aeropuertos de París que queda a unos 85 kilómetros de la capital) salía de París a las 17:30, con lo cual no llegábamos ni de coña. Por cierto, que el avión salía a las 21:45. Buscamos otras opciones en las 3 horas que teníamos hasta que viniera el tren: una de las que encontramos era coger un tren que va a Beauvais pero salía a las 19:45 con lo cual era difícil llegar porque pasaba lejos de la estación donde nos dejaba el TGV (algo así como el AVE), la otra opción era coger dos taxis (porque éramos 7 personas) que nos llevasen directamente a Beauvais (y gastarse, de paso, el pastón del año. Pero con tal de no perder el avión...). Al final, decidimos que lo mejor era intentar la primera. Así que, llegamos a París a las 19:15 y salimos como cohetes del tren con las maletas, bajamos a la zona del metro y nos cogimos el que iba a la estación más cercana donde paraba el otro tren. Había algunos que tenían la esperanza de llegar, yo desde luego no pero había que intentarlo. Lo perdimos.
Salimos de la estación a por la opción 2: coger un taxi. Al llegar a la parada vimos que había una cola del copón y ya eran las 20:00, con lo cual, íbamos muuuy justos. Paró un taxi a nuestro lado (éramos los últimos de la cola) y le preguntamos cuánto solía costar ir de allí a Beauvais. El tío dijo que a la mitad nos llevaba él y llamó a un amigo para que llevase al resto pero que nos subiéramos rápido que no se podía saltar la cola así como así y que lo hacía para que llegáramos al vuelo a tiempo. La verdad, le hubiese creído si no fuese por el símbolo del euro que iluminaba sus ojos desde que dijimos Beauvais. No teníamos otra opción así que subimos.
Una hora y casi 300 euros después, entre los dos taxis, llegamos al aeropuerto. Dos salieron corriendo para tratar de impedir que cerraran la facturación, otros bajaban las maletas del taxi a (Al precio de cada taxímetro hubo que sumarle la tasa por llevar las maletas)
toda velocidad y otro y yo pagábamos los taxis con el fondo común improvisado por el camino. Cuando entré al aeropuerto y vi la cara de tragedia que tenían los demás supe que no habíamos llegado. Vi el reloj: 21:20. La facturación había cerrado a las 21:15. Después de todo lo que habíamos hecho (y pagado) para llegar habíamos perdido el avión. Intenté hablar con los de facturación, con los de atención al cliente, con la compañía. Vaya, trataba de hacer lo imposible para que nos dejasen embarcar aunque sabía que la culpa era sólo nuestra. Los demás estaban sentados cuando llegué con cara de: y ahora, qué hacemos. Me sentí mal pero ya no por mí, sinó por los que habían perdido el vuelo por nuestra culpa.
servido por sende
3 comentarios
compártelo