Ayer, poniendo orden en mi ordenador, encontré un documento que ya ni me acordaba que tenía. En teoría, iba a ser una especie de diario donde reflejaría lo que es la experiencia de estudiar fuera de casa, en otro país. Al final se quedó todo en la teoría porque nunca más volví a escribir nada. Aún así he decidido publicarlo. La verdad es que recuerdo ese día como si fuera ayer y todas las emociones que viví en tan poco tiempo. Ahí os lo dejo. Espero que no os ríais mucho. Sí, en el fondo, soy una sentimental. jajaja.
04-09-2005
Bueno, a ver por dónde empiezo...ummm...por el principio supongo. Básicamente, el resumen es que esta mañana me levanté en mi cama y ahora, a las 00:00 del día 05-09-2005 estoy durmiendo en Lorient (Francia), en una habitación de un hotel que está lleno de gatos y hay dibujos de gatos hasta en las lámparas. ¿Cómo he llegado hasta aquí? Yo misma me lo pregunto. Con lo bien que estaba yo en mi casa...para qué me meteré yo en estos berenjenales.
El caso es que he venido a estudiar aquí un añito (a ver si aguanto) y, de paso, a intentar madurar y salir de mi letargo en el que llevo desde la niñez.
La historia es que esta mañana me levanté a las 08:30, hice la maleta (sí, ya lo sé, siempre hago todo a última hora) y me fui en coche hasta Oporto (o Porto, Portugal) para coger el avión a París. Me había prohibido a mi misma llorar ni una lágrima hasta no llegar aquí pero, nada más salir de casa me puse a llorar a lágrima viva y no pude parar hasta llegar a Portugal (por cierto, en el garaje me vio un vecino y se quedó con una cara...). Supongo que sería por toda la tensión acumulada estos días: despedidas, preparativos,... En fin, llegué a Oporto sin llorar y me metí con mi madre en el aeropuerto. Fuimos a facturar, pagamos el exceso de equipaje (que soy una chica) y nos fuimos a comer (yo aguantando el lagrimón, claro). Llegó la hora de embarcar y con ella el típico abrazo en el que empiezas a llorar que hasta te da hipo. Total que después de la despedida y de que mi madre se riese de mí por llorona (aunque yo sé que ella se contenía) la tía del escáner pidiéndome el pasaporte y la tarjeta de embarque mientras yo echaba el moquillo y ella sin inmutarse (ya deben estar acostumbrados a estas cosas). Paso mis 4 bolsas, mi abrigo y mi jersey de equipaje de mano (ojo al dato) por el escáner y paso por el arco del triunfo que empieza a pitar. Me pasan el aparatillo ese que dice dónde pitas exactamente y eran las botas (las botas altas las llevaba puestas para ahorrar espacio en la maleta). Allá que me levanto el pantalón para enseñarle al tío las botas y él que llama a una para que me cachee. La tía se pone los guantes y cuando ya me veía yo manoseada le dice el tío: no, no. Sólo las piernas de rodilla para abajo. Lógicamente no encontraron nada así que pasé. Me subí al avión, media hora de retraso, salimos a las 15:00 en vez de a las 14:35 (hora portuguesa). Me senté en el asiento y en cuanto el avión arrancó empecé a llorar que no veas. Bueno, tampoco fue para tanto. Un par de lagrimones (el de al lado flipaba sólo). Mi única alegría eran los dos azafatos (a cada cual mejor). Bueno, y la pedazo siesta que me eché en el avión. Y con esas llegamos a París. Ayyy, París. Qué bonito y qué grande es París. Llegamos al aeropuerto Charles de Gaulle (18:00) que está al norte de la ciudad de la luz y os diré que ese aeropuerto es un caos. Si lo podéis evitar, no vayáis. ¡Mi madre!, todo el mundo corriendo pero, según parece con rumbo fijo (quiero decir que parecía que sabían a dónde iban) y yo allí sin saber qué hacer ni a dónde ir. Sólo sabía que tenía que coger un autobús de Airfrance para Orly (el aeropuerto donde cogía el avión a Lorient). Preguntando se llega a Roma y, en mi caso, al autobús. Íbamos con media hora de retraso por culpa del avión y encima CARAVANA. A mí a punto de darme algo y en ese autobús, por si fuera poco, NI UN ESPAÑOL. En fin, al final llegué a tiempo, facturé y voy a preguntarle, después de mogollón de horas sin poder echar un pitillo, a uno de Iberia que dónde está la zona de fumadores y va el tío imbécil y me dice que si quiero fumar un pitillo o un porro que me vaya a la calle que allí no se puede y que no debería fumar. ¿Tú te crees? Menuda gente hay por el mundo. Total que, al final, me escondí y me lo eché. Cogí el avión a Lorient (20:55) (tengo que decir que al ir hacia la zona de despegue vi dos aviones de Iberia y no pude evitar el cosquilleo). Por cierto, al despegar dimos una vuelta por París y vi la Tour Eiffel de noche, iluminada, QUÉ BONITA y de camino aquí pasamos al lado de una tormenta y qué bonito y espectacular ver los rayos salir de las nubes a esa altura. INCREÍBLE. Como increíble fue lo que me pasó al llegar (22:00). Se suponía que venían a buscarme de la universidad o yo lo creía así. Pues no sé porqué me daba que no iba a venir nadie pero al llegar y ver el aeropuerto totalmente vacío lo ví más que claro: NO HABÍA NADIE. Salgo, me pillo un taxi y le digo que me lleve al albergue que tenía reservado (menos mal que me acordaba del nombre) y, al llegar, ¡oh, sorpresa! estaba cerrado. Menos mal que la taxista me dijo que me esperaba por si acaso y me ayudó a preguntar a unos chicos que pasaban y ante la adversidad le pedí que me llevara a un hotel y así hizo. Vuelta a cargar los casi 60 kilos de equipaje en el taxi y tira para el hotel. Llegamos y tenía pinta de cerrado. Llamamos al timbre y nada. Yo ya me veía durmiendo en la calle cuando la taxista llamó por teléfono al hotel. Le contestaron y salió un chico a abrir. Dijo que había habitaciones. Le di miles de gracias a la taxista (que se portó) y diez euros que me cobró desde el albergue hasta el hotel pero parecía que encima le daba corte cobrármelos. Como diciendo: a esta pobre le salen todas las cosas mal y encima le cobro. En fin, la taxista se fue y yo entré al hotel. Con lo nerviosa que estaba ya no entendía nada y le dije que no hablaba bien francés y el tío (que está muy bueno por cierto, incluso con los pelos de recién levantado de la cama) me pregunta que qué idioma hablo, le digo que español y me empieza a hablar en español (ayyyy, cómo me gusta oír hablar a chicos guapos en español y con acento francés. Se nota que Dios aprieta pero no ahoga). Y nada, eso es todo. Aquí estoy en una habitación de hotel de 44 euros la noche en la que encima no puedo fumar (si quiero fumar me tengo que ir a la calle), muerta de sueño pero tan asustada y emocionada que no sé si podré dormir. En cualquier caso mañana seguiré contando que son las 00:46 y aquí se madruga. Un besote enorme para quien lo lea y, si soy yo misma, dos porque yo lo valgo. HASTA MAÑANA desde Lorient.
(Como he dicho,la intención era buena pero la vagancia me pudo)


Pues nada chica, para eso está el blog...para escribir esas cosas cuando mas a menudo, y cuando te apetezca.
Larga vida!
... el sábado por la noche. Ya tenía ganas pero, y quién lo hubiese dicho, volví exactamente igual que como me fui... llorando. ¿Qué le voy a hacer si soy una llorona...