EL TIEMPO
La verdad es que en este tiempo en el que he estado desaparecida han pasado muchísimas cosas: unas buenas y otras malas, pero pocas fáciles de asumir. A veces encontrarse con la realidad de frente no es tan sencillo como pudiera parecer a priori y hay gente que tiene una gran capacidad de adaptación y otra que no tiene tanta. Yo no sé si soy de las que tienen menos, no lo creo, pero sin duda soy de esas a las que la realidad les coge siempre por sorpresa y sin capacidad de reacción.
Siempre he sido la típica que sabe perfectamente qué es lo que hay que hacer cuando las cosas les pasan a los demás, pero conmigo misma ya es otra historia y es que ya se sabe que los buenos maestros suelen ser malos aprendices y viceversa.
Generalmente cuando sales de tu realidad diaria, de tu vida normal, dejas atrás todas las cosas que has ido acumulando durante años. No es nada raro, pasa lo mismo que con tu piso: te vas y dejas los muebles, mucha ropa,... algunas cosas te las llevas claro, pero la mayoría quedan atrás.
Te vas, vives "una nueva vida" que en realidad es la misma pero un poquito distinta. Te acostumbras a vivir con otros muebles, otra ropa, otra gente... las cosas obviamente no son iguales. Te acabas olvidando de la ropa que no te gustaba, de aquellos zapatos que te ponías de vez en cuando por no tirarlos,... de otras cosas no. Tienes ganas de dormir en tu cama, de ver tu tele en tu sofá, de desayunar en tu taza... pero te vas acostumbrando a vivir sin eso.
Y, de repente, un día vuelves. Vuelves a tu casa, que en realidad era lo que querías desde el día en que te fuiste y que, además, ya sabías que tarde o temprano iba a pasar. No le ves la dificultad... ¡mucho más difícil fue irse y lo conseguiste! Pero a veces las cosas que parecen más fáciles no lo acaban siendo tanto y, al volver, te encuentras con todas las cosas buenas que dejaste al irte... pero también con aquellos zapatos de los que ya no te acordabas, y con tus miedos, y con aquella mochila que dejaste al irte y con la que ahora te toca cargar de nuevo y que te parece mucho más pesada que cuando la dejaste. Porque cuando llevas una carga y estás acostumbrada a llevarla no notas el peso, pero si la dejas y comienzas a vivir sin ese peso al cogerla de nuevo, cuando ya has perdido el hábito, se hace mucho más pesada.
A mí me pasó eso. Al regresar, me encontré con esa carga y necesité mucho más tiempo del que hubiera previsto para llevarla. Y es que yo lo veo así. Siempre tenemos dos opciones en la vida y entonces también tenía dos: cogerla y cargar con ella o vaciar parte de su peso. Aunque claro, ponerte a vaciar esa mochila donde has acumulado tantas cosas lleva mucho más tiempo que ponértela al hombro... Y hubo quien no lo entendió. También hubo quien sí e, incluso, hubo quien me ayudó a quitar cosas... y eso siempre se agradece.
La verdad es que hubo de todo: el amigo que cambió tanto que ni lo reconocí, el que estaba exactamente igual que cuando me marché, el que no se acordaba de mí, el que aprovechó mi ausencia hasta para llevarse los "muebles" de mi casa (cuando me había prometido que me la cuidaría) y de paso me rompió el corazón, el que me traicionó aunque jamás lo hubiese pensado de él, el que había cambiado totalmente su vida,... y, la mayoría, los que me esperaban con los brazos abiertos, un sofá y una taza de café recién hecho. A todos ellos, muchas gracias.
Sí, a todos ellos, porque unos me enseñaron que no se debe dar nada por sentado, otros que la vida no sólo cambia para ti sinó también para los demás, otros me ayudaron a tirar mis corazas y mis fortalezas a la basura, otros me enseñaron que los golpes duelen mucho más cuando no las llevas (pero el dolor es sentimiento y sentir es estar vivo), otros me ayudaron a levantarme del suelo cuando me caí o cuando me tiraron, otros me esperaban con algodón, agua oxigenada y muchos mimitos para curar mis heridas y esos, los del sofá y la taza de café, los que me ayudaron, los que me curaron y los que me aguantaron, además, me enseñaron el verdadero sentido de la palabra amistad.
Y aquí estoy ahora, acabando de recomponer mi vida, intentando volver a ser quien fui hace mucho, mucho tiempo, pero con la experiencia de lo que no quiero ser y con esa mochila, prácticamente vacía, en la que aún quedan cosas pero que se irán quedando por el camino con el tiempo, porque es verdad que el tiempo siempre lo cura todo: el tiempo y la gente que te quiere de verdad.
P.D. Disculpas por la extensión, que es que me lío en metáforas y me pierdo.




aklis dijo
GRACIAS
7 Noviembre 2007 | 12:21 AM